jueves, 2 de octubre de 2008

Sobre "Escena primaria y argumento perverso"


por Mauricio Sánchez

“El elemento compulsivo en la sexualidad aberrante infunde su marca a la relación de objeto y el objeto sexual pasa a desempeñar un papel circunscrito y severamente controlado, incluso anónimo.” (McDougall, p. 57)

¿Por qué es importante la sexualidad? (entendida de aquí en adelante a la manera del texto, como acto sexual) ¿Por qué alguien se centraría en ella para poder dar cuenta de una estructura psíquica? Al parecer la importancia que se le atribuye acá es su entramación íntima con la relación de objeto. ¿Podemos decir que la sexualidad infunde su marca en la relación de objeto? Quisiera sostener un punto que considero obvio; no creo conveniente concebir sexualidad y relación de objeto como fenómenos que presenten una causalidad unidireccional. La sexualidad deja entrever aspectos de la relación de objeto, tal como la relación de objeto deja entrever aspectos de la sexualidad. En la sexualidad, nos enfrentamos con aquello que desconocemos, aquella imposibilidad de control, que se hace patente en nuestro cuerpo y desborda la voluntad. En la desviación sexual (dejando, a mi juicio, fuera la homosexualidad por este mismo motivo) las exigencias que se imponen al acto, dan cuenta de un control absoluto respecto a la manera en que se pierde el control. Control del descontrol que sólo puede llevarse a cabo aferrándose a objetos que no se presenten como enigmáticos o impredecibles (medias, tacos, ropa interior…etc.) o en su defecto, siendo capaz de reducir al otro al estatuto de un objeto conocido, predecible y controlable (recordando el texto anterior, podría decirse además, reemplazable). Existiría, entonces, en el acto sexual desviado una doble “negación” del otro; la que se da con el otro en el acto mismo y la que se da al nivel de la negación de la fecundidad, es decir, concebir a otro con otro. Si asumimos que el acto sexual deja entrever aspectos de la relación de objeto y si además nos sentimos bastante osados, podemos utilizar esta “negación” del otro para explicar la inexistencia de un fantasma perverso. Si nos vamos al significado coloquial de “fantasma” podríamos concebirlo como una presencia que aparece donde no debería haber una. Cabría preguntarnos, ¿cómo sería posible esta presencia considerando la “negación” del otro que se intentó esbozar anteriormente?

17 comentarios:

Kerina dijo...

¿Por qué es importante la sexualidad en el perverso? Porque es justamente este ámbito el que el perverso habría forcluído (en tanto pierde eslabones significantes de la realidad lo que le impide representarsela). A pesar de que el perverso no es psicótico, podríamos hablar de una psicosis focalizada que emerge constantemente (compulsivamente) con la escena primaria y la diferencia de sexos. Brotes psicóticos que se entraman dentro de una realidad no psicótica, sino renegada (y parte protagónica de cualquier negación es justamente el objeto a ser negado). De esta forma lo negado, latente, pulsa...la dinámica paterna estructura con simbolizaciones hipermágicas e idealizadas, pero simbolizaciones que permiten aludir al padre en esa bidimensionalidad. El objeto que aparece es justamente este falo paterno idealizado al que es necesario escapar...es un doble escape más bien, se escapa al padre (y luego del padre) huyendo de una madre voraz (madre responsable en un principio de negar ella la función fálica y atribuírsela a sí misma, aún cuando no dejaba de ser objeto de deseo). La organización de identidad del perverso corre peligro en una continuidad madre-hijo que tanto hemos escuchado hablar que el bebé busca, pero de la que huye porqué no al mismo tiempo. Por esto percibir la castración, más que como causa de esa gran negación, yo lo veo como una necesidad defensiva del perverso (quiere ver la castración, necesita verla). Así la madre se vuelve incompleta y por ende el niño tiene posibilidad de discontinuarse de esta existencia simbiótica angustiante y ponerle limites a este otro voraz que se autoimpone como amo (madre-amo), se llama así al objeto fálico mágico paterno del perverso para completar, ahí marcando estructura. Esa es justamente la oportunidad que tiene de evocar la estructura. Pero a la vez este es un juego doble en el que el perverso se engaña, porque al tener este objeto externo se lo devuelve a la madre (vuelve a escapar del padre), dejandose nuevamente atrapar por la madre-esclava y deseante.
Es importante no olvidar, creo, al autor en tanto dice que en el perverso hay un gran odio hacia los padres (objetos internos) y por ende hacia sí mismo dada la desilución de la castración. El objeto en tanto tapa la falta sexual angustiante, también transporta el odio contenido hacia el exterior en la sexualidad y erotizando la angustia la convierte en excitación. He ahí creo la conexión de objeto, sexualidad y estructura. Sería requisito compulsivo excitarse para no desestructurarse.

Francisca dijo...

En el texto de Mc. Dougall, me pareció interesante la propuesta de que el perverso pensó por largo tiempo que era “el compañero de la mamá”, llegando a tener un derrumbamiento tardío de esta ilusión. Frente a esta desilusión el niño no parece resignarse, sino inventar una nueva sexualidad; no encuentra, como el neurótico, una forma de terminar con el conflicto edípico, sino que inventa una manera original de “dar vuelta el problema”. ¿Qué problema? El problema de no ser el único objeto de deseo de la madre, el problema de la falta. Creo que es interesante pensar en esta “no resignación” a la luz de discusiones que habíamos tenido antes en este foro sobre la ley y el fantasma, en tanto la solución neurótica exige ciertos costos que el perverso no parece estar dispuesto a asumir. En palabras de la autora, “el futuro perverso no encuentra, como sí lo hace el neurótico, ningún velo suficientemente espeso como para cubrir el dolor y los contornos de la verdad insoportable. Sólo puede tapar el problema y encontrar nuevas respuestas al deseo”. Siguiendo la argumentación de Mauricio, parece que antes de angustiarse y fantasear respecto al deseo del otro, el perverso se aferra a objetos predecibles, controlables, reemplazables, que no le representen un enigma ni le recuerden su antigua desilusión.

Estera dijo...

Quisiera comentar algo que fue aclarador para mis dudas acerca de la distinción entre la conducta perversa y la estructura perversa. Y para ello me tomo de la pregunta que hace Mauro: "Por qué es importante la sexualidad? ¿Por qué alguien se centraría en ella para poder dar cuenta de una estructura psíquica?". Y bien la autora comienza el texto aclarando que en todas las estructuras, en neuróticos y en psicóticos pueden existir desviaciones sexuales que no por ello son signos de una organizacion perversa de la personalidad. En sus palabras "una acto "perverso" en la vida sexual no permite deducir necesariamente una organizacion estable".
Ante la pregunta de Mauro creo que sí, que la sexualidad es un elemento importantísimo a la hora de entender una estructuración, pero creo que más que la conducta sexual, la significación que hay detrás permite diferenciar entre algo más neurótico, psicótico etc. Y vuelvo a lo que postula nuestro profe: entender a nuestro paciente en su particularidad parece ser una de las claves para tan difícil distinción.

francisca c dijo...

Me parece que es relevante hablar de la sexualidad en el caso de la perversión, ya que como plantea Mauro, es en ésta donde se puede ver la relación con el objeto que establece el perverso. Creo que es en la relación con el objeto donde se puede ver si estamos hablando de una estructura o una conducta perversa, donde la negación del otro adquiere una importancia fundamental.
Además, es en la sexualidad donde queda en evidencia el intento de control que hace el perverso, aferrándose al objeto y negando a otro, como un modo de poder pasar por alto el dolor que le genera la castración. Sería, por tanto, la sexualidad el lugar donde el perverso puede encontrar una salida al problema de deseo de la madre.

Tere L dijo...

Tomando la pregunta de Mauricio, pienso que el comportamiento sexual del perverso se configura desde el lado del goce, por esto me parece clave entender que la intención de éste es dirigida esencialmente hacia el acto y no así al campo de la ilusión, que se acerca al deseo. De aquí que al parecer no se pudiese establecer algo así como un fantasma perverso, aunque por otra parte cabría preguntarse si este concepto de fantasma sí pudiese estar presente en otras áreas vitales de un individuo particular con una estructuración perversa. ¿Es esta estructura la condena absoluta a la necesidad de tener que constatar en cada instante la falsedad de la castración (en la mujer), teniendo que ir siempre hacia el acto?
Me parece entender, por los aportes de psicoanalistas infantiles, que la separación (o castración) se vivencia en diferentes estadios en los que gradualmente el individuo se prepara para la presentación con el Edipo propiamente tal. De aquí que existan fantasmas de tipo oral, anal, olfativos-gustativos, incluso auditivos. Pienso entonces que el perverso posee una historia en su psiquismo unido a un cuerpo erogeneizado por una madre que no ha podido nunca incluir en su discurso al padre como objeto de su deseo; y ante esto él se proporciona el derecho a si mismo de renegar una verdad amenazante y que lo separa por completo de su madre (la diferencia de sexos); y por tanto no hace uso de sus fantasmas ilusorios, sino que reniega y se dirige directamente al acto.

Benja dijo...

Solo me gustaría hacer hacer una aclaración "académica" como diría Coloma, respecto a lo primero que dice la Kery: la forclusión solo se aplica al Nombre del Padre, no puede efectuarse sobre cualquier significante, es siempre forclusión del Nombre del Padre. No se trata de la pérdida de un significante ya presente en el aparato o en la red simbólica, más bien dice relación con la no inscripción, desde siempre, de un significante primordial, no cualquiera, a saber, el Nombre del Padre, aquel que anuda el orden del significante con el del significado. Eso es lo que falla en el psicótico, y no en los demás.
De ello se desprende que no cualquier estructura tiene a la base una forclusión.
Doy el pase para el siguiente tema del curso

Natalia dijo...

Respecto a la pregunta sobre la importancia de la sexualidad en el perverso...quisiera remitirme simplemente a la estructura del texto mismo pues fue ahí en donde surgieron la mayoría de mis dudas respecto al contenido de éste.
Independiente de la importancia que pueda tener la sexualidad (o acto sexual) en la delimitación de una estructura perversa, creo que basarse en casos de pacientes homosexuales no puede llevar a una generalización de su funcionamiento o incluso de la forma en que se vive el complejo edípico
De manera personal, me parece que la homosexualidad no se inserta en una estructura perversa per se...y por lo mismo mucho de lo que se dijo en el texto no me pareció pertinente ni adecuado para una definicxión clara de la perversión.
Del mismo modo, al haberse basado en pacientes que acudieron a análisis...me es imposible no preguntarme acerca de la veracidad del diagnóstico pues tal como lo hemos discutido antes: es muy difícil que un perverso asista a terapia...lo que deja a la vista que probablemente se habría tratado de personas con algún tipo de funcionamiento perverso más que una estructura...o incluso algún tipo de imposición artificial de la autora frente a las desviaciones sexuales que presentaban sus pacientes

Teresa R dijo...

Me gustaría plantear una reflexión que me surgió con el texto del Fetichismo de Freud presentado hace un par de semanas en torno, a los problemas planteados sobre la identidad del perverso, la estabilidad de su estructura, y la peligrosidad en potencia de su diagnóstico. Me parece, aunque mi distinción no tenga mucha rigurosidad conceptual, que en el perverso habría algún grado de diferencia existencial en cuanto a su modo de enfrentar el mundo, con respecto al neurótico. Por lo mismo, es que me parece compleja la distinción.
En “diferencia existencial”, me refiero justamente a que el sentido de ser del neurótico, es en el ser en relación con, y para el perverso, en el ser en una relación negada, aparentemente objetivada.

Creo que, la diferencia entre neuróticos y perversos es una diferencia bastante sutil, de grado, subjetiva, desde un juicio cercano al ámbito de lo moral, que radica antes en un por qué, que en un cómo. Al menos, eso es a lo que las teorías sobre perversión nos terminan llevando: partimos intentando explicar el cómo de una estructura, su funcionamiento, sus razones edípicas y sus defensas psíquicas. Y es justamente en el último punto en que caemos en el por qué, más que en el cómo, en entender (o más bien “creer entender”), por ejemplo, el por qué de un sujeto, de aparente estructura perversa, cuya pregunta existencial no habría de caer en su relación con otros, sino en su propia omnipotencia en la negación del Nombre del Padre. Mmmm… Humildemente, creo que ahí podría estar el límite más sutil y peligroso de la teoría, y su aplicación a la práctica. Me atrevo a preguntar, ¿quién, luego de todas las elucubraciones teóricas a las que hemos llegado en nuestra supuesta comprensión del perverso, se atrevería luego a “diagnosticar” a alguien de –justamente- Perverso, sabiendo todas las implicancias clínicas y terapéuticas que esto podría llegar a implicar?

Valentina Rébora dijo...

“Renunciar a su forma de sexualidad, con sus rituales, su angustia y sus condiciones draconianas, equivaldría a la castración y pondría en peligro la cohesión de su yo y de su sentimiento de identidad. (Mc. Dougall)… Pero ¿Sería la perversión una posible antesala de una psicosis? ¿Es que esa renegación que le permite al perverso funcionar es más adaptativa que aquel mundo de la fantasía en el que vive el psicótico?
¿Es entonces una posibilidad que el perverso sólo puede serlo en relación con otro? En la medida en que la manera en que su estructura se ha delimitado viene directamente frente a la re- negación del mismo y ante la necesidad de triunfar frente a la castración. Así, el perverso siempre necesitaría de un otro, el que unido por medio de una sexualidad transgresora, le permitiría mantener aquella ilusión de seguir siendo el compañero de su madre que una vez fue. Entonces, ¿Hasta que punto, como clínicos, podemos jerarquizar las estructuras en relación con la pregunta que mueve al sujeto? ¿No será que esta jerarquía tiene más que ver con un funcionamiento yoíco más que con la diferencia cualitativa propia de un diagnóstico estructural?

Jesús Gajardo dijo...

En primer lugar me gustaría referirme a algunas cosas planteadas.
-El Benja dice que la forclusión ocurre sólo respecto del nombre del padre, pero hoy en clases (y perdon por el atraso del comentario jaja) el profesor dijo que en el paciente psicosomático se daba la forclusión, aunque referida a la madre (considerando el egocentrismo de ésta y lo pertubador que resulta).
-Por otro lado, me llama la atención que se pregunte por la importancia de la sexualidad en la perversión. Personalmente, me parece que la sexualidad es algo crucial en todas las estructuras, a partir de la noción de pulsión sexual como motor de vida, cuyo logro maduro aparecería como meta en todo desarrollo humano. La sexualidad no sólo debiera formularse en tanto elección de objeto y modo de relación, pues me parece que es algo determinante como experiencia de la diferencia y, a la vez, de unión, aunque ilusoria.
-respecto a la discusión en ayudantía, pienso que la perversión sí es una estructura que, si bien no suele llegar a tratamiento (por tanto habría poca evidencia clínica), sí sería distinguible de las otras estructuras en cuanto tal. principalmente tomando como referencia el registro simbólico y como éste se refleja en el lenguaje, aún cuando haya un funcionamiento de otro orden. Igual, me cabe la duda si la autora no confunde a ratos la estructura y funcionamiento perverso.

virginia dijo...

Me quiero sumar a la discusión que se ha formado respecto a la importancia de la sexualidad en la estructura perversa, ya que muchos la han planteado como “lo” fundamental en lo perverso, pero yo creo que no es solo la sexualidad donde el perverso “actúa” (por decirlo de alguna manera) su estructura perversa, si no como, lo plantee en la ayudantía anterior, en todos los ámbitos y áreas de la vida. Esto lo argumento ya que muchos plantearon que el perverso trata de negar la castración que aparece con la aparición de la ley del padre, pero si lo pensamos según lo que hemos visto de Lacan (que al final de cuentas es de lo que más hemos visto y por eso hablo desde acá), la castración no es una amenaza directa del padre biológico o padre adoptivo, si no que la castración aparece dada por el gran Otro, conceptualizada como la cultura, el lenguaje, y todo un entramado de reglas que al aceptarlas nos impone el perder el goce, pero nos permite entrar a la vida en sociedad y convertirnos en sujetos. Es por esto que yo creo que el perverso no solo niega la castración en la madre y en la sexualidad, si no en todas las áreas que le imponen restricciones y pérdidas de libertad. O sea en todas las áreas donde el Gran Otro impone su ley y, por lo tanto, castran a la persona, pero una castración entendida de una manera más metafórica, (como una pérdida de libertad y de goce, y no cómo una pérdida literal del falo). Y es por esto que se puede entender que el perverso rompa las leyes por el simple placer de romperlas, y juegue con las mezclas y el orden de las cosas; ya que mediante estos actos el perverso puede negar la castración. Y por otro lado, (para mi forma de ver las cosas) un supuesto perverso que tenga sólo un área en donde es perverso (como la sexualidad, donde se encuentran los fetichistas, los homosexuales; u otras personas que quiebren leyes como los delincuentes, etc.) pueden estar funcionando en un área de manera perversa, pero no presentan una estructura perversa, ya que no presentan una negación de la castración como tal, si no parcial; y es por esto (por el no ser perversos estructuralmente), es que pueden presentar angustia y conflicto en otras áreas que los llevan a consultar a un terapeuta, pero yo sigo creyendo que se debe a un funcionamiento y no a una estructura perversa como tal.

Olivia L dijo...

Nunca pensé que quizás el tiempo que me demoré en comenzar a “opinar” en el blog, fuera de alguna manera un tiempo sabio, de algún aprendizaje.
Y es que, respecto de la estructura perversa, siempre escuche que no solían llegar a consultar y que quizás trabajando en algún hospital podríamos (casi como “un lujo”) conocer algún “personaje” de aquellos.
Y bueno, si bien no puedo acreditar que he conocido estructuras perversas, sí en las múltiples recepciones diarias de pacientes es interesante cuando se ha sospechado perversión, pues contrario a lo que podríamos pensar y que tanto énfasis le hemos dado, no es desde el ámbito de la sexualidad desde el cual se genera esta sospecha, sino más bien, creo, cuando no se entiende bien a que viene la persona y pareciera disfrutar en el dañar a otros, ocultando siempre algo, entre otras cosas.
Ahora, quizás esto va más ligado a lo funcional y no a lo estructural, no lo sé, pero sí me parece interesante abrirnos a una escucha en que la sexualidad o como es ésta ejercida no sea lo único que escuchemos para sospechar perversión. Por lo demás muchos neuróticos mantienen una sexualidad perversa.

fcoloma dijo...

Me gustaría retomar parte de la reflexión que planteó Mauricio al destacar como la relación perversa con el objeto es una doble negación, en cuanto "controla el descontrol" que implica el acto sexual, e impide la fecundidad.
Tal comentario me pareció sumamente interesante, pues creo que trás la doble negación se vislumbra un narcisismo radical, en el cual se niega la posibilidad de depender de un objeto que "impide controlarlo" o podría sorprenerlo. Me pareció interesante el comentario de Mauricio porque quizás se podría pensar la perversión como aquella estructura que no se permite dudar, y por lo tanto tiene que controlar imperiosamente. Si pensamos en los textos de las autoras que hablan de perversión el impacto que estos generan es precisamente que a pesar de lo que hagan, no dudan, no se arrepienten. Así, podrían crear una ley propia con tal de no tener que dudar respecto a su conducta. Quizás podría pensarse que algo propio del perverso es un narcisismo que se sustenta sobre la necesidad de no dudar, pues la duda lo enfrentaría a su propia castración, dudaría del lugar que ocupa en el deseo materno.

Mauricio dijo...

Por qué es importante la sexualidad? ¿Por qué alguien se centraría en ella para poder dar cuenta de una estructura psíquica?

Cuando logren responder esta pregunta, porfavor avisenme!

Una vez más sale el tema del control, el cual no puedo dejar de relacionarlo con la voluntad. Que en la relacion sexual se pierda el control y que el acto perverso sea una manera de mantener el control del descontrol.No lo sé. ¿es el acto perverso un acto voluntario?
Porque voluntad implica responsabilidad.

Me parece que si se sacan las conclusiones ultimas de los postulados del psicoanalisis no se podria hacer juicios de ningun tipo de acto, ya que el final es un Otro quien manda. Y dependiendo de la conveniencia nos movemos de un nivel al otro.

Pato.M. dijo...

Lamentablemente no tengo la formación teórica para fundamentar la importancia de la sexualidad en la perversión. Sin embargo, creo que entender sexualidad como acto sexual no sólo traiciona las distinciones freudianas del proceso de evolución libidinal, sino que también presenta el peligro de no entender cuál es el estatuto del goce sexual: ¿no tendra que ver aquí el cuerpo, el "balbucear" del que nos habla Lacan?
A mi juicio, el psicoanálisis no es un teoría sobre la sexualidad, si bien habla de ella y puede aproximarse a dar cuenta de su REAL idad. Más bien, el psicoanálisis da cuenta de lo que la hace posible, de aquellas coordenadas que se articulan en torno a sí mismas -desde lo funcional- o en referencia a un Otro lugar -desde lo estructural-.
Algo conocimos recientemente de los peligros de la sexología: las conductas sexuales, en sí mismas, no dicen nada del sujeto sexuado, sino, más bien, del deseo e incluso del goce de quien las señala, estudia, enseña y trata terapéuticamente.

José Pedro Elton dijo...

Al hablar de estructura perversa, creo que es indispensable tener en cuenta que los perversos junto con los neuroticos pertenecen al mundo de los castrados. Esto es importante, porque se puede vislumbrar (muy borrosamente) el por qué para el perverso le es imposible alejarse de su sexualidad, por qué necesita controlar el descontrol, por qué no siente culpa o verguenza.
Creo que detrás de todo esto, hay un miedo inmenso a toparse con la castración, presente pero negada, de manera que todo el actuar del perverso va a tener como consecuencia la continuidad de su creencia de ser un no castrado, ser alguien que no tiene ley.

Dani Larraín dijo...

Me parece interesante lo que plantea Felipe sobre el narcisismo, el cual es posible pensar en muchos perversos por el peligro de su goce sexual (aunque no siempre implica perversidad) y en la negación de su castración, el repudio de la existencia de un tercer excluido al cual representa y que lo disminuye en subjetividad. Este narcisismo, radicado a mi parecer, en el rechazo de aquel tiempo en el cual deja de ser único, y en la insistencia de permanecer en la eterna posición de quien manda y controla, en el control del descontrol parafraseando a Mauricio, es el que prima en la funcionalidad y estructura si profundizamos en el deseo perverso. Es por eso que creo que más que preguntarnos por la sexualidad, lo cual es claramente válido, deberíamos preguntarnos por la percepción de su subjetividad, donde la sexualidad es relevante, pero no lo único, que en este caso se manifiesta renegando la ley del padre, que le señala su falta y su pseudocontrol deseado. Si bien creo que pensar en la sexualidad es absolutamente necesario, creo que no podemos reducir el cuestionamiento de la perversión a este estatuto sin interrogarnos ampliamente por la forma en que se experimenta el perverso como sujeto y como su entorno lo vislumbra tal cual es.